Creía estar poniendo cada piedra en su sitio en los pilares de lo que sería la casa común que compartirían, ese lugar donde la confianza, la sinceridad, el respeto y el amor debían fluir como el agua del mar entre las rocas de la playa por la que paseaban las tardes sin reloj ni llamadas inoportunas.

Apostó al 200% por todo ello, sentía una hermosa energía fluyendo en su interior pero algo dentro de sí le decía que había cosas oscuras que se le escapaban. Esa intuición se fue haciendo patente cuando la incomunicación se fue haciendo un hueco en medio y fue minando la confianza hasta límites insospechados.

Ya no le quedaba más remedio que aceptar una nueva derrota en el amor. Volvía a quedarse hecho pedazos a merced del vaivén de opiniones ajenas que como olas mecían sus confusos sentimientos.

Luchó hasta el final por encontrar los puentes que hicieran posible el camino entre l@s dos y aún hoy sigue haciendo preguntas al viento.